Mi nombre es
Anibal Artero tengo 27 años de edad soy originario de Ahuachapán. Yo crecí en
un hogar aparentemente normal con mis padres; ellos no eran cristianos. Éramos
un hogar normal y éramos felices. El tiempo empezó a transcurrir y en mi hogar
comenzaron a cambiar las cosas. Mi papá comenzó
a serle infiel a mi mamá y a maltratarla; así pasó mucho tiempo hasta
que llegué a los 16 años. Mi hogar era un desastre, desintegrado, con problemas
económicos, luego mis papás se separaron y me quedé solo con mi mamá.
Mi vida no tenía
sentido pero a pesar de eso Dios fue
fiel y me permitió iniciar la
universidad. Comencé a estudiar medicina pero con dificultades ya que sólo mi mamá trabajaba. Pasamos por
muchas pruebas y dificultades. Mi corazón
estaba lleno de resentimiento al ver que mi padre nos abandonó y que decidió
no apoyarnos y así pasaron los años en la universidad. En ese
tiempo empecé a probar el alcohol, a frecuentar bares y discotecas hasta
que se convirtió en un vicio, bueno según yo todo marchaba bien. En el 2006 tuve un accidente de tránsito con
mis amigos del cual Dios me sacó vivo,
fui el menos lesionado y pues a pesar de estos llamados de atención por parte
de Dios yo seguía igual.
Yo trataba de
esconder mis vacíos y rencores en el alcohol; justo en ese tiempo, mi madre empezó
a asistir a una iglesia cristiana y le
entregó su vida a Jesús junto con mi hermana. Ellas me invitaban y de vez en cuando
yo asistía a la iglesia pero me hacía el que no me interesaba nada de eso. En
el 2009 culminé mi carrera y a la semana de mi graduación mi mamá hizo
una reunión de acción de gracias y fue en
medio de la alabanza que mi corazón se quebrantó, yo no sabía que me pasaba, sólo lloraba y cuando preguntaron que si
alguien necesitaba de Jesús, yo levanté mi mano
y acepté a Jesús y desde ese
momento sentí paz.
Luego de mi conversión,
inicié una relación de noviazgo con una joven que no era cristiana, pasaron los
días, nos enamoramos pero a ella no le gustaba acompañarme a la iglesia y poco a poco empecé a alejarme de Dios. Se
me abrieron las puertas para
especializarme y todo marchaba excelente, yo ganaba muy bien pero en un
abrir y cerrar de ojos empecé a sentir un vacío muy fuerte en mi corazón y no sabia con qué llenarlo y de nuevo busqué refugiarme
en el alcohol. Volví a frecuentar bares y discotecas pero nada
llenaba ese vacío. La relación
con mi novia comenzó a arruinarse, quedó embarazada y perdimos al bebé; mi vida
en un instante se convirtió en un desastre. Llegué al punto en que eran muy
frecuentes las depresiones y yo me encerraba en mi cuarto a tomar y fumar. Un día, luego de salir de una discoteca, me
asaltaron y me dejaron mal golpeado. En ese tiempo tuve ganas de quitarme la vida,
perdí mi empleo y la situación en mi casa
económicamente era mala. Mi madre me decía: “Hijo, el Señor te ama;
regresa a sus caminos. Yo sólo miraba cuando ella se levantaba a las 4 de la
mañana a orar para que yo regresara a
sus caminos.
Todo esto siguió,
hasta que un día, a través de un mensaje por la televisión, el Señor empezó a
recordarme que Él me había salvado y cuidado tanto por que había una promesa de que yo le iba a servir. A todo eso, seguía sin
entender, pues años antes de que yo me convirtiera mi madre recibió una palabra de que yo seria predicador y le serviría al Señor
pero en ese tiempo yo no creí eso. Pero Dios me empezó a mostrar que me había
cuidado porque esa promesa, Él la tenia que cumplir.
Una noche donde no sabia como quitar ese vacío,
me quedé solo y a través de una predica escuché Isaías 43 y era como si
Dios me estuviera llamando y me decía: “No
temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. No os acordéis de las
cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago
cosa nueva”, y en ese momento mi corazón se quebrantó y solo podía pedirle perdón
y llorar por haberme alejado de Él. Sentí que el me decía: “Yo te he perdonado,
acepta mi perdón y sígueme”. Luego de eso, el vacío se comenzó a llenar y surgió una sed, un hambre
de su presencia y de su palabra. Yo dedicaba
horas enteras a leer su palabra y por
las noches a buscarlo y así el comenzó
a quitar todo lo malo que traía del
mundo. El empezó a sanar mi corazón, a enseñarme a perdonar a mi padre, a mis
enemigos, a las personas que me habían hecho daño. Comencé a servirle en la
iglesia, de repente la joven que era pastora de los jóvenes en ese tiempo me
pidió que le ayudara y así inicié a
trabajar con ellos y Dios empezó a
restaurar lo que el diablo me había quitado por mi desobediencia. Dios siempre
me ha recordado en Juan 10:10 que el diablo solo quiere robar, matar y destruir; y que no se me ocurra
regresar atrás. Sé que Dios todavía sigue trabajando en mi vida; no ha
terminado. Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en mí la
buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús
Actualmente soy
pastor de jóvenes, trabajo como líder de célula en mi iglesia para la gloria de
Dios y cada día trato de amar más a Jesús por su sacrificio en la cruz.
Querido joven, si
lees este testimonio quiero que sepas
que Jesús murió en una cruz para
salvarnos y que en la cruz de Jesús encuentras todo lo que necesitas: salvación,
sanidad, provisión, restauración, gozo, paz y protección. Recuerda que el diablo
vino para robarte tu felicidad, tu familia, tu economía, tus sueños, tus metas,
tu salud, tu comunión con Dios pero Jesús
te ofrece VIDA ETERNA. Bendiciones
enormes!
Para cualquier
comentario, duda, testimonio, saludo, etc. puedes enviarnos un correo a
dudas_doubts@hotmail.com
Para recibir más
notificaciones de nuevos historias y artículos puedes encontrarnos en Facebook
AQUÍ
No hay comentarios.:
Publicar un comentario