martes, 12 de junio de 2012

Anibal Artero - "Un gran vacio"

Mi nombre es Anibal Artero tengo 27 años de edad soy originario de Ahuachapán. Yo crecí en un hogar aparentemente normal con mis padres; ellos no eran cristianos. Éramos un hogar normal y éramos felices. El tiempo empezó a transcurrir y en mi hogar comenzaron a cambiar las cosas. Mi papá comenzó  a serle infiel a mi mamá y a maltratarla; así pasó mucho tiempo hasta que llegué a los 16 años. Mi hogar era un desastre, desintegrado, con problemas económicos, luego mis papás se separaron y me quedé solo con mi mamá.

Mi vida no tenía sentido  pero a pesar de eso Dios fue fiel  y me permitió iniciar la universidad.  Comencé a estudiar  medicina pero con dificultades  ya que sólo mi mamá trabajaba. Pasamos por muchas pruebas  y dificultades.  Mi corazón  estaba lleno de resentimiento al ver que mi padre nos abandonó y que decidió no apoyarnos y así pasaron los años en la universidad.  En ese  tiempo empecé a probar el alcohol, a frecuentar bares y discotecas hasta que se convirtió en un vicio, bueno según yo todo marchaba bien.  En el 2006 tuve un accidente de tránsito con mis amigos del cual  Dios me sacó vivo, fui el menos lesionado y pues a pesar de estos llamados de atención por parte de Dios yo seguía igual. 

Yo trataba de esconder mis vacíos y rencores en el alcohol; justo en ese tiempo, mi madre empezó a asistir a una iglesia cristiana  y le entregó su vida a Jesús junto con mi hermana. Ellas me invitaban y de vez en cuando yo asistía a la iglesia pero me hacía el que no me interesaba nada de eso. En el 2009  culminé mi carrera  y a la semana de mi graduación mi mamá hizo una reunión de acción de gracias  y fue en medio de la alabanza que mi corazón se quebrantó, yo no sabía que me pasaba,  sólo lloraba y cuando preguntaron que si alguien necesitaba de Jesús, yo levanté mi mano  y acepté  a Jesús y desde ese momento sentí paz.

Luego de mi conversión, inicié una relación de noviazgo con una joven que no era cristiana, pasaron los días, nos enamoramos pero a ella no le gustaba acompañarme a la iglesia  y poco a poco empecé a alejarme de Dios. Se me abrieron las puertas para  especializarme y todo marchaba excelente, yo ganaba muy bien pero en un abrir y cerrar de ojos empecé a sentir un vacío muy fuerte en mi corazón y  no sabia con qué llenarlo y de nuevo busqué refugiarme en el alcohol. Volví a frecuentar bares y discotecas  pero nada  llenaba ese vacío.  La relación con mi novia comenzó a arruinarse, quedó embarazada y perdimos al bebé; mi vida en un instante se convirtió en un desastre. Llegué al punto en que eran muy frecuentes las depresiones y yo me encerraba en mi cuarto a tomar y fumar.  Un día, luego de salir de una discoteca, me asaltaron y me dejaron mal golpeado. En ese tiempo tuve ganas de quitarme la vida, perdí mi empleo y la situación en mi casa  económicamente era mala. Mi madre me decía: “Hijo, el Señor te ama; regresa a sus caminos. Yo sólo miraba cuando ella se levantaba a las 4 de la mañana a orar para que yo regresara  a sus caminos.

Todo esto siguió, hasta que un día, a través de un mensaje por la televisión, el Señor empezó a recordarme que Él me había salvado y cuidado tanto por que  había una promesa de que  yo le iba a servir. A todo eso, seguía sin entender, pues años antes de que yo me convirtiera mi madre  recibió una palabra  de que yo seria predicador y le serviría al Señor pero en ese tiempo yo no creí eso. Pero Dios me empezó a mostrar que me había cuidado porque esa promesa, Él la tenia que cumplir.

Una noche donde no sabia como quitar ese vacío, me quedé solo y a través de una predica escuché Isaías 43 y era como si Dios  me estuviera llamando y me decía: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva”, y en ese momento mi corazón se quebrantó y solo podía pedirle perdón y llorar por haberme alejado de Él. Sentí que el me decía: “Yo te he perdonado, acepta mi perdón y sígueme”. Luego de eso, el vacío se  comenzó a llenar y surgió una sed, un hambre de su presencia y de su palabra. Yo dedicaba  horas enteras a leer su palabra y por  las noches a buscarlo y así  el comenzó a quitar todo lo malo que  traía del mundo. El empezó a sanar mi corazón, a enseñarme a perdonar a mi padre, a mis enemigos, a las personas que me habían hecho daño. Comencé a servirle en la iglesia, de repente la joven que era pastora de los jóvenes en ese tiempo me pidió que le ayudara  y así inicié a trabajar con ellos  y Dios empezó a restaurar lo que el diablo me había quitado por mi desobediencia. Dios siempre me ha recordado en Juan 10:10 que el diablo solo quiere robar,  matar y destruir; y que no se me ocurra regresar atrás. Sé que Dios todavía sigue trabajando en mi vida; no ha terminado. Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en mí la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús

Actualmente soy pastor de jóvenes, trabajo como líder de célula en mi iglesia para la gloria de Dios y cada día trato de amar más a Jesús por su sacrificio en la cruz.

Querido joven, si lees este  testimonio quiero que sepas que Jesús murió en una cruz  para salvarnos y que en la cruz de Jesús encuentras todo lo que necesitas: salvación, sanidad, provisión, restauración, gozo, paz y protección. Recuerda que el diablo vino para robarte tu felicidad, tu familia, tu economía, tus sueños, tus metas, tu salud, tu comunión con  Dios pero Jesús te ofrece VIDA ETERNA.  Bendiciones enormes!

Para cualquier comentario, duda, testimonio, saludo, etc. puedes enviarnos un correo a dudas_doubts@hotmail.com

Para recibir más notificaciones de nuevos historias y artículos puedes encontrarnos en Facebook AQUÍ

No hay comentarios.:

Publicar un comentario